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domingo, 28 de febrero de 2016

Mi vida era una mierda.



Quería acabar con todo. Hasta que llegaron ellos no supe por qué había aguantado. Estaba ahogándome con mi propio vómito, cuando los vi a través de la ventana ... Eran poco más que carroña, y sin embargo, qué gran alegría cuando empezaron a descuartizar almas. Gritaban cuando los huesos se astillaban y brotaba la sangre como río desbordado. Desde la cuerda me descolgué como pude, balanceándome como una idiota, casi decapitándome por entero. Me rebané el pescuezo, en el desarrollo, pero qué más daba. A ellos les servía como estaba. Ninguno me daba órdenes, ni me mandaba callar, ni siquiera me dirigía la palabra, como mucho me olisqueaban, luego nada. No había distinción de sexos, ni jefes o indios, solo la ansia de matar, de comer y de matar para alimentarte.Me hubiera gustado sonreirles, pero se me dislocó la mandíbula cuando me ahorcaba.

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